4. Sabe a bien

Sabe a bien porque no termina. Sabe a bien porque empieza, cada día, con una sonrisa en el alma. Una sonrisa que, pese a ser gélida como el Febrero, sorprende y te inunda. Te evade de una realidad que no quiero que termine.

Madrid sabe a lo bien que me dijeron que sabía. El trabajo rueda. No tanto como mis andadurías por los subterráneos. Sigo caminando con una voz que resuena: “memoriza, memoriza, memoriza”.

Hacía mucho que no me sentía así. Voy a explicarme con una maravillosa cita de una de mis películas. A Ana le debo este hallazgo.

Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande. Y eso que las he tenido de muchas clases. Sí, podría contar mi vida uniendo casualidades.

Podrías ser mi casualidad.

Escribiré. Pronto, lo juro. Llevaba mucho sin hacerlo y me he dejado muchas cosas en el tintero teclado. Quizá más banales, sí, pero saben igual de bien.

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