6. La vida sigue

Apenas a una semana de las fiestas de la ciudad donde nací, la vida sigue. Sigue aquí, en Madrid y, parece ser que también sigue en Castellón. Y digo sigue no porque tuviera que parar, faltaría más. Digo sigue porque parece ser que sigue sin mí. Y digo sin mí porque también parece ser que lo que pude ser o hacer ya no consta, sólo queda una pequeña e invisible estela de un yo que no se siente, ni siquiera un poquito.

Pero Castellón sí que sigue conmigo. Porque me acuerdo de todo. Y porque, al fin y al cabo, es lo que he sido y la razón por la que digo ser lo que soy ahora. Y otra cosa no, pero consecuente, siempre.

Aún así, la Magdalena la nací. Ha vivido conmigo y la espero y desespero con locura. Porque desde mi lúgubre y modesta habitación, ondeo la senyera, mi senyera, como un modo inútil de acelerar los 5 días que faltan para la primera mascletà, que abrirá la primera semana de fiestas en la que no sea partícipe en su totalidad.

Gracias, chicos.

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