Mi cine.

amelie

Algo que escribí con apenas 17 años en cierto blog de cuyo nombre no quiero acordarme y que hoy rescato y comparto en Quédate En Madrid.

 Entrada en mano te acercas a la barra y estudias un menú que sabes que no te vas a acabar. Pero te da igual, acabas de cenar y aún así estás dispuesto a meterte entre pecho y espalda media vida de palomitas y un barril de Pepsi (que no coca-cola) con la alegría y la emoción de estar ahí, entre esas cuatro paredes que van a ser tú cobijo durante dos o tres horas.
           Te diriges al chico que corta las entradas esperando que te diga que debes entrar a esa sala mientras tú piensas: vaya por Dios, si no llega a ser por ti no me doy cuenta de ¡cuál es la película que acabo de pagar! No obstante, a ti nadie te quita esa sonrisa de la cara… Quizás no sabes ni cuál es el argumento del film que estás a punto de ver, pero a ti te da igual, nadie te va a quitar esa sonrisa de la cara.
         Te sientas, comes una o dos palomitas… luego otras dos y luego dos más. Al fin decides poner el paquete bien lejos del alcance de tu mano y tus ojos para que te aguante, por lo menos, hasta que empiece la proyección.
             Por fin, se apagan las luces y te pones nervioso, sin saber por qué: ¿Qué trailers me van a poner? “MovieRecord… chanana, chanana” “Ley del cine y el copyright” “Próximamente” ¡Esa la quiero ver! ¡Esa también! ¡Ya empieza, ya empieza… Venga, saca las palomitas!
En las próximas horas no vas a acordarte que hay un mundo fuera, ni gente, ni problemas… Sólo super-heroes, castillos mágicos, montañas embrujadas, tiroteos y demás entes cinematográficos.
                Mira tú por donde… me encanta el cine.

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